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Estimula a tus hijos para que les guste la escuela
Aquí están cinco consejos para hacer que a sus hijos se emocionen por la educación.
1. Participa Los niños toman en cuenta las actitudes de sus padres: acudir a eventos de la escuela, conocer a sus maestros, etc.
2. No obsesionarse por las calificaciones Es normal preocuparse por las calificaciones de su hijo y consultar con sus maestros si van bien. Pero no hacer de las calificaciones la única preocupación.
3. Borrar lo “aburrido” “No creo en esa palabra,” dice la Dra. Deborah Chesnie Cooper, una psicóloga educacional y de desarrollo de Toronto. Cuando los niños dicen que les aburre, asegura la Dra, lo que realmente quieren decir es que se sienten frustrados (porque es muy difícil o muy fácil para ellos lo que ven en clase), les cuesta integrarse y relacionarse, están preocupados por su rendimiento al saber que no pueden hacer algo que deberían saber. Explicarle que tienen que intentar.
4. Ayudar con la tarea ¿Por qué a algunos niños les desagrada la tarea? No se debe necesariamente a que el trabajo sea difícil, sino porque lo hacen a un lado o intentar apresurarse a hacerlo. Defina una hora para hacer la tarea, tal vez después de un descanso, después de la escuela pero antes de la televisión u algún otro juego y respétela. “Ayúdales a que se organicen y a que sigan una rutina”, asegura la Dra. Chesnie Cooper. Los niños se sentirán mejor si completan su tarea sin tantas discusiones y con tiempo de sobra para relajarse y divertirse.
5. Disminuye la programación Piensa en cómo tu propio trabajo (y tu actitud hacia él) sufre cuando estás saturada. Lo mismo les ocurre a los niños cuando se priorizan y exigen actividades extras en las tardes que no son pertinentes a sus estudios. “Cuando los niños están sobre-programados es muy difícil que se concentren en la escuela”, asegura Kugler. Si les das un descanso y duermen temprano se mantendrán frescos y listos para otro día escolar con más energía y entusiasmo.
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Importancia de un buen desayuno para los niños
 Una correcta y sana alimentación comienza con un buen desayuno. Mientras dormimos nuestro cuerpo se vuelve más lento. Al despertarnos el cuerpo cambia su ritmo, se vuelve más activo, aumenta nuestra temperatura corporal, se eleva la tensión arterial y se prepara para funcionar. Por eso comer al despertarnos nos activa al iniciar el día. Según una encuesta de Salud (2003), tan solo un 7,5% de los niños toma un desayuno equilibrado. Si no desayunamos nos sentiremos más cansados y con falta de concentración. En edades escolares esto tiene consecuencias importantes ya que condiciona el aprendizaje y conlleva a un descenso del rendimiento escolar. El hábito de desayunar se genera en casa, debemos sentarnos con nuestros niños cada mañana y dedicarle unos 10 a 15 minutos. Se sabe que la calidad del desayuno aumenta con la presencia de un familiar que acompañe al niño en esta comida. No hace falta mucho tiempo para preparar un desayuno sano. Si el niño no está habituado a desayunar comienza poco a poco, al principio con un vaso de leche o un yogur bastará. Luego incorpora algún tipo de cereal como tostadas, galletas maría o cereales para desayuno y finalmente una fruta o zumo natural. En ocasiones podemos dividir el desayuno en dos tomas, una al levantarnos con leche o yogur, cereales, pan o galletas; y la otra dos o tres horas después donde podemos incorporar la fruta. El desayuno debe aportar entre un 20-30% de las calorías que necesitamos al día, ser completo y variado. Un buen desayuno debe estar formado por: lácteos, cereales y frutas. Los lácteos (leche, yogures, quesos, cuajada, requesón): nos aportan proteínas de buena calidad, vitaminas y minerales, especialmente calcio. Los cereales (pan, galletas, cereales para desayuno): nos aportan principalmente hidratos de carbono que nos darán energía. También aportan vitaminas y minerales, los cereales integrales aportan fibra. Las frutas / zumos: aportan agua (90 – 95%), hidratos de carbono, minerales, vitaminas y fibra.
Opciones para nuestros niños de desayunos saludables: - Leche con cacao, tostadas con mermelada. Zumo natural de frutas. - Yogur o cuajada con cereales y frutas troceadas. - Leche con cacao, galletas maría y un plátano. - Leche con cacao, pan con queso y fiambre magro (pavo, jamón york). - Leche con cacao, tostadas con mantequilla y miel. Zumo natural.
Recordemos que los hábitos alimenticios que tendremos en la edad adulta se generan en la niñez, por lo que hay que procurar que el ambiente de cada comida sea agradable, distendido y en familia.
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LOS PADRES MÁS MALOS DEL MUNDO

Diciembre 18, 2008
Yo tuve los padres más malos del mundo; mientras los otros niños no tenían que desayunar, yo tenía que comer cereal, huevos y pan tostado.
Cuando los demás tomaban colas y dulces para el almuerzo, yo tenía que comer sopa y arroz. Mis padres siempre insistían en saber quiénes eran nuestros amigos y lo que estábamos haciendo.
Insistían en que si decíamos que íbamos a tardar una hora, solamente nos tardaríamos una hora.
Me da vergüenza admitirlo, pero tuvieron el descaro de romper la ley contra el trabajo de los niños menores, hicieron que laváramos platos, tendiéramos las camas, aprendiéramos a cocinar, y muchas cosas igualmente crueles.
Creo que se quedaban despiertos en la noche pensando en las cosas que podrían obligarnos a hacer, siempre insistían en que dijéramos la verdad, y nada más que la verdad.
Para cuando llegamos a la adolescencia, ya fueron más sabios, y nuestras vidas se hicieron aún más miserables. Nadie podía tocar el claxon para que saliéramos corriendo. Nos avergonzaban hasta el extremo, obligando a nuestros amigos a llegar hasta la puerta para preguntar por nosotros.
Mis padres fueron un completo fracaso, ninguno de nosotros ha sido arrestado, cada uno de mis hermanos ha servido en una misión y también ha servido a la patria, y…,¿A quién debemos culpar de nuestro terrible futuro?…, tienen razón, a nuestros padres. Vean de todo lo que nos hemos perdido. Nunca hemos podido participar en una demostración de actos violentos y miles de cosas más que hicieron nuestros amigos. Ello nos hizo convertirnos en adultos educados y honestos.
Tomado: Del Libro el Poder Invisible del Amor 
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La nueva generación de padres

Por Angela Marulanda, Autora y Educadora Familiar
Somos las primeras generaciones de padres decididos a no repetir con los hijos los errores de nuestros progenitores. Y en el esfuerzo de abolir los abusos del pasado, somos los más dedicados y comprensivos pero a la vez los más débiles e inseguros que ha dado la historia. Lo grave es que estamos lidiando con unos niños más “igualados”, beligerantes y poderosos que nunca.
Parece que en nuestro intento por ser los padres que quisimos tener, pasamos de un extremo al otro. Así, somos los últimos hijos regañados por los padres y los primeros padres a quienes los hijos nos regañan; los últimos que le tuvimos miedo a los padres y los primeros que les tememos a los hijos; los últimos que crecimos bajo el mando de los padres y los primeros que vivimos bajo el yugo de los hijos. Y lo que es peor, los últimos que respetamos a nuestros padres, y los primeros que aceptamos que nuestros hijos nos irrespeten.
En la medida que el permisivismo reemplazó al autoritarismo, los términos de las relaciones familiares han cambiado en forma radical, para bien y para mal. En efecto, antes se consideraba buenos padres a aquellos cuyos hijos se comportaban bien, obedecían sus órdenes y los trataban con el debido respeto; y buenos hijos a los niños que eran formales y veneraban a sus padres.
Pero en la medida en que las fronteras jerárquicas entre adultos y niños se han ido desvaneciendo, hoy los buenos padres son aquellos que logran que sus hijos los amen, aunque poco los respeten. Y son los hijos quienes ahora esperan respeto de sus padres, entendiendo por tal que les respeten sus ideas, sus gustos, sus apetencias y su forma de actuar y de vivir. Y que además les patrocinen lo que necesitan para tal fin. Como quien dice los roles se invirtieron, y ahora son los papás quienes tienen que complacer a sus hijos para ganárselos, y no a la inversa, como en el pasado. Esto explica el esfuerzo que hacen hoy tantos papás y mamás por ser los mejores amigos y parecerles “chéveres" a sus hijos.
Se ha dicho que los extremos se tocan. Y si el autoritarismo del pasado llenó a los hijos de temor hacia sus padres, la debilidad del presente los llena de miedo y menosprecio al vernos tan débiles y perdidos como ellos. Los hijos necesitan percibir que durante la niñez estamos a la cabeza de sus vidas como líderes capaces de sujetarlos cuando no se pueden contener y de guiarlos mientras no saben para dónde van.
Si bien el autoritarismo aplasta, el permisivismo ahoga. Sólo una actitud firme y respetuosa les permitirá confiar en nuestra idoneidad para gobernar sus vidas mientras sean menores, porque vamos adelante liderándolos y no atrás cargándolos, rendidos a su voluntad. Es así como evitaremos que las nuevas generaciones se ahoguen en el descontrol y hastío en el que se está hundiendo una sociedad que parece ir a la deriva, sin parámetros ni destino.
(Publicado en el diario El Tiempo, bajo el título “Los extremos se tocan”, Enero 23, 2005)
www.angelamarulanda.com angela@angelamarulanda.com

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Niños autónomos e independientes

Generalmente muchos padres suelen anticiparse a las acciones de los niños y no les dejan actuar o hacer algunas otras cosas que ya están en capacidad de hacer solos. A veces se actúa así porque se considera que los niños aún no pueden realizar cosas solitos, por evitar que se hagan daño, por comodidad, para conseguir resultados más rápidos, o porque no confían en la capacidad de reacción de sus hijos.
Los niños aprenden a ser autónomos en las pequeñas actividades diarias que desarrollarán en casa, en la guardería o en el colegio. Los niños desean crecer, quieren demostrar que son mayores en todo momento. Es misión de los padres y de los educadores, la aplicación de tareas que ayuden a los niños a demostrar sus habilidades y el valor de su esfuerzo. Colocar, recoger, guardar, quitar, abrochar y desabrochar, ir al baño, comer solo o poner la mesa son acciones que ayudarán a los niños a situarse en el espacio en que viven y a sentirse partícipes en la familia y entre sus amigos.
Los niños pueden y deben tener oportunidades para potenciar su autonomía y contemplar todo aquello que saben hacer por sí mismos, aunque para algunas cosas requieran la ayuda de otros.
Si les protegemos en exceso no aprenderán a protegerse ni conocerán el sentido del peligro. Hemos de darles pronto pequeñas responsabilidades como el cuidado y orden de sus juguetes, regar alguna planta, cuidar de alguna mascota... Cuando es pequeño conviene que verbalice sus responsabilidades en el hogar y en casa para que sepa bien lo que se le pide.

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